De maricones y de gays

Esta entrada se la dedico a Gallego que me borró un comentario en su bitácora por usar la palabra maricón. También se la dedico a Kabish que se apercibió de un error mío y no dudó en mostrármelo. Y a libertymad por su amor a Don Pío Moa y a todo lo sajón.

En la escuela y desde muy pequeñitos a los que fueran diferentes se les tachaba de maricones. En absoluto tenía una connotación sexual, pero era la palabra mágica que designaba a cualquiera que se apartara de la norma.

Si no matabas lagartijas: Cobarde maricón. Si tenías buenas notas: Empollón maricón. Si suspendías todo: Lerdo maricón. Si no subías la cuerda a pulso: Enclenque maricón. Si te desfondabas al correr: Gordo maricón. Si eras malo jugando al fútbol: Maleta maricón.  Si hablabas correctamente: Finolis maricón… Incluso si contabas un chiste y todos se reían: Pero, ¡qué maricón eres! (bueno, este último ejemplo lo sigo oyendo entre adultos, pero de otra manera, claro). En fin, que desde pequeños nos acostumbramos a asociar todo lo que es negativo con la palabra maricón.

¿Y qué es lo que pasa con los maricones de verdad? Pues que hemos asumido e internalizado esa carga negativa a nuestra condición. Por eso, muchos de entre nosotros prefieren llamarse gay por ser una palabra neutra. Pero no es sólo neutra. Es una palabra incolora, insípida y sin espíritu. Es un término sin historia y ahí voy yo.

Algunos me empezarán a contar que no es verdad que el palabro gay no tenga una historia y un espíritu. No lo dudo, pero será para los anglosajones, no para los hispanos. En nuestros países se nos ha humillado por ser maricas, jotos, putos, culeados, cabros, pargos… maricones, no por ser gays. Alguien en una de esas bitácoras mariliberales, nos recordaba que habría que volver a leer “Antes que anochezca” de Reinaldo Arenas para ver las vicisitudes de una sarasa, que si obviamos las circunstancias políticas, serían las mismas actitudes y maneras de pensar, que se podía haber encontrado en Tortosa, en Algeciras, en Holguín o en Iquique.

Cuando usas el término gay no sólo estás olvidando el dolor de todos los millones de los nuestros que a través de los siglos han sido de discriminados a quemados vivos, sino que también estás adoptando la manera de entender la vida de los enculados anglosajones: Esa tediosa reciprocidad en el sexo, ese querer ser heterogays que incorporan en sus vidas las aspiraciones y la forma de ser de las parejas heterosexuales.

Afortunadamente las cosas están cambiando y cada vez más, nos importa menos llamarnos lo que somos. Sólo la gente de cincuenta para arriba no quiere ni oír hablar de esa palabra. En esta España de Almodóvar y Amenábar -que es tan maricona, que lo único que nos faltaría sería divorciar a Felipe de Letizia y casarlo con Boris Izaguirre- está pasando lo que ya sucedió en Alemania en los setenta y ochenta. En aquella época el movimiento homosexual alemán acuñó conscientemente la palabra Schwul, que entonces tenía las mismas connotaciones negativas que maricón, como indispensable para recuperar la autoestima de los sodomitas alemanes.

Tengo unas ganas locas de darme un garbeo por Irán. Cuando esté allí después de visitar Isfahan o la mezquita azul de Tabriz, me dedicaré a la Alianza de Civilizaciones al estilo español, es decir, al cuerpo a cuerpo. Si paseando por los parques del sur de Teherán tengo mala suerte, y el amigo de z, Ahmadinejad, me pilla alegrándoles la vida a los lugareños, y decide colgarme de una grúa, que sea por ser algo sonoro y con acento, no por ser la primera sílaba de una dama de compañía japonesa.

(La palabra cabro no la conocía. Se usa en Perú. La he añadido a la lista tras la colaboración de Ecopedro.

(La palabra pargo no la conocía. Se usa en Cuba y en Venezuela. La he añadido a la lista tras la colaboración de Rubén.)

Abel Arana o el maricón apolítico

Mi amante musulmán

Mi amante marinero (1/4)

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Maricones sectarios

Cuando de pequeñajo me di cuenta de que era distinto, construí de inmediato un muro entre mi persona y los demás. Encerrado en mi caparazón, extendí unas antenas especiales para captar cualquier información relativa a la gente de mi condición. Por aquella época, la transición, empezó una tímida, pero gradual, pérdida de miedo de la gente a mostrar su mariconidad en público, hasta la absoluta libertad de la que gozamos ahora. 

Nos recuerdo cenando la extensa familia de entonces ante el televisor y viendo esto:

Alguien dijo: “Menudo mariconazo”. No se dieron cuenta de mi sobresalto porque estaban pendientes del televisor, por un momento me pareció que me lo decían a mí. Colorado, me fui derechito al baño. Escrutándome la pelusilla del bigote ante el espejo, asumí por primera vez lo impepinable: YO era un mariconazo y tendría que vivir con eso toda la vida.

Desde entonces me cae bien Miguelito. Pues, en realidad, he crecido con él y con sus entrevistas intentando aplacar los rumores de que si era o no era. Él nunca dijo si sí o si no. La verdad, Bosé, majo, podrías haber demostrado entonces que eras tan progresista, tan luchador por nuestros derechos apechugando con las consecuencias, aunque fueran dolorosas, como hizo, por ejemplo, Bibiana Fernández. Ahora en cambio, caro ragazzo, permíteme que piense que eres un farsante cuando te pronuncias políticamente, ahora, que no tienes nada que perder y sí mucho que ganar en las fiestas de los pueblos gobernados por socialistas y por naZionalistas.

Como adolescente enseguida simpaticé con los grupos y con las personas que nos apoyaban, para entonces, indudablemente de la izquierda alternativa. Y junto con esa simpatía, vino la absoluta asunción acrítica de su paquete ideológico completo: De la concepción de la Segunda República Española como oportunidad perdida, como paraíso democrático bucólico que los fascistas destrozaron a sangre y fuego, hasta el anticlericalismo visceral y un odio a la Iglesia verdaderamente criminal, sin olvidar el cariño a ese Gulag tropical que es la Cuba de Fidel o, cómo no, la aceptación de ese bodrio llamado España Plurinacional.

Seguí creciendo y viendo cómo nos transformábamos en la España de Almodóvar de la que hasta hace relativamente poco tiempo estaba orgulloso. Por una estúpida razón creía que los maricones, sólo por el hecho de formar parte de un grupo perseguido, y los grupos de izquierda que nos apoyaban tenían un plus de credibilidad y de bonhomía. Tontería que se diluyó rápidamente compartiendo drogas y confidencias con los de las juventudes del PSOE de mi ciudad -habrase visto semejante colla de corruptos e ineptos-

Pasando el tiempo y después de haber devorado personas y libros, empecé a conocer la verdad: Que en la Segunda República las izquierdas ya estaban preparando la revolución y la Guerra Civil antes del ´36 con las quemas de Iglesias, las varias insurrecciones armadas y los asesinatos de políticos de derechas; que la izquierda hasta hace bien poco ha sido tan represora de los homosexuales como la derecha, incluso en la Cuba castrista se nos mandaba a campos de trabajo para reeducarnos; que la Iglesia no era la culpable de los males de la sociedad sino más bien una opción personal de mucha gente decente.

El ínclito Sota de picas se vanagloria en su bitácora -lo que no me extraña- de haber mentado a mi señora madre y sigue con: ese cabrón, esa alimaña necrófaga, ese malnacido, ese deshecho, ese aborto de una perra sarnosa llena de pulgas y una bacinilla rellena de las leches de mil padres distintos, desconocidos y sifilíticos, ese gilipollas, esa escoria humana, esa rata, ese miserable, ese puto NAZI y, no sé si lo había dicho, ese HIJO DE PUTA 

A lo que una serie de amiguitos, sorpresivamente algunos por mí conocidos como Otto y Casta, le han comentado y apoyado. Es estupendo ver cómo la gente tarde o temprano muestra su verdadera faz en lo que favorece, silencia o se queda al margen.

Estos progres, luchadores por la igualdad de derechos se permiten escribir cosas como:

  • Hel dice: La cojera de Losantos, es por deudas de juego? Qué historia más buena aunque sea mentira, voy a repetirla por ahí.
  • Pryrios, dice: Pero relájate un poco que es que parece que vayas a ir a pegarle de verdad, y aunque sé que ganas no te faltan, no es menos cierto que luego te sentirías mal por ello (ergo, te dolerían los puños o los pies).

A lo que Sota responde:

  • Pry, pegarle? Yo? Por favor… Sabes perfectamente que yo repudio toda clase de violencia. Sobre todo porque es mucho más divertida la inducción al suicidio.

Bueno, después de los insultos, me podría esperar eso y más. Tened en cuenta que esta gente es la descendiente de aquellos que en la guerra civil sembraron de chekas la España del bando republicano en donde se torturaba a los del otro bando hasta que se les daba el paseíllo final -pero claro, de eso no habéis oído en los fastos de la llamada Memoria Histórica, ¿verdad? ¿Por qué seraaaaaaaaaaaaá?

Estos señores llaman fascista a Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del terrorismo, por oponerse a la negociación con ETA; estos señores hablan de la Iglesia recalcitrante y oscurantista por estar en contra del aborto, la homosexualidad o la eutanasia; estos señores tildan a Losantos de guerracivilista por oponerse a la desmembración de España. En fin, estos señores son tan maricones como tú y como yo. Sí, maricones, pero maricones sectarios. 

(Que aquesta entrada serveixi com un missatge directe de decepció personal cap a Otto que va instigar aquest petit akelarre contra aquesta bruixa dolenta, dolentíssima, que us està parlant. Però així és la vida: Allò que no et mata, t’ensenya )

¿Mi marivoto para Rajoy?

Mi diario: De la entrada más antigua a la más moderna