Corría el año 1992 -gracias, César Vidal- cuando por el tiempo de las Olimpiadas de Barcelona, yo me encontraba en Múnich. Un día en clase de alemán nos pidió la profesora que habláramos de nuestros países. Cada alumno decía dos o tres frases hasta que le tocó el turno a uno que dijo: Ich komme aus Katalonien (Soy de Cataluña). Yo me dije a mí mismo: Menudo Gilipollas. La gente no sabía qué país era ese. Entonces él añadió: Barcelona. Ah, Spanien (España) Sie sind Spanier wie SB (usted es español como SB) y él repitió: Nein, Katalane (No, catalán) Todos los ojos hacia mí, yo quería morirme de la vergüenza cuando la profesora me sorprendió diciendo: Er sagt Katalane, weil er denkt, dass die Katalanen besser als die übrigen Spanier sind, nicht wahr? (él dice catalán, porque él piensa que los catalanes son mejores que el resto de los españoles, ¿verdad?). En ese momento era él quien se quería morir. Nunca había querido tanto a una mujer.
Más tarde me contó que le desagradaba mucho la soberbia y el desprecio de algunos alumnos catalanes y vascos cuando hablaban de España. Una vez incluso expulsaron a un valenciano y a un catalán porque llegaron a las manos, el uno no aceptaba que el valenciano fuera un dialecto del catalán. Sin embargo, las trifulcas por asuntos de ese tipo no era lo normal. La profesora me contaba que generalmente los otros alumnos españoles al oír eso, no sabían cómo reaccionar, se quedaban como petrificados, más dolidos y heridos, que otra cosa. En realidad, por algo así la atmósfera de la clase se transformaba de cachondeo generalizado a tan mal rollito, que ella no estaba dispuesta a tolerarlo. De ahí su salida tan certera y punzante.

Luego me enteré que el susodicho daba clases de -tela, tela, telísima- castellano y enseñaba a hacer la paella… -asómbrense ustedes cómo la llamaba- catalana. Yo no le dirigí la palabra en todo el curso, pero cada vez que oigo o veo a Joan Laporta, me viene ese puñetero a la cabeza.
Me hacen mucha gracia los catalanes que se quejan de que los catalanes tengan tan mala fama en el resto de España. Yo quisiera que me vieran a mí y a otros como yo, que vivimos en el extranjero, intentando explicar las pancartitas de: Catalonia is not Spain (Cataluña no es España) cada vez que hay un Madrid-Barça.
Sin embargo, eso y cosas por el estilo, no es antiespañolismo. No. Tampoco las campañas en contra de productos de otras regiones subvencionadas por la Generalitat. Ni la campaña en contra de la candidatura de Madrid a los juegos olímpicos. Ni la encerrona de una selección española de Fútbol Sala para que jugara con una selecció catalana en Yakutia, Rusia -por cierto, que sobornaron a los organizadores para que sonara el God save the queen inglés en vez del himno español, para redondear la humillación-.
No sé si se creen los naZionalistas catalanes o los catalanes en general que el resto de los españoles tenemos que reírles las gracias y quererles y pensar que son simpatiquísimos cuando se comportan así. A lo mejor se creen que no tenemos sentimientos, que se nos puede pisotear, que ellos pueden humillarnos de esa manera y de la que se le venga en gana. Sinceramente, no sé qué creen que debemos sentir por ellos: ¿Admiración? ¿cercanía? ¿hermandad? o más bien, todo lo contrario, simplemente hastío, hartazgo e indignación. A mí, personalmente, ya me tocaron del ala cuando me pasé por la Universidad Autónoma de Barcelona, me reafirmé con experiencias como las del aula de alemán, pero lo que ya me hizo asquearme de ellos fueron esas pancartitas. Yo ya me he independizado de ellos, y si puedo, no compro nada, res de res, que sea de procedencia catalana. Después de todo eso, Cataluña y yo hemos terminado.


Don Juan Laporta Estruch, ese ínclito hijo del Tercio de Montserrat, nos acaba de regalar una de las suyas. Ya sabemos que es independentista, que les habla a sus jugadores en catalán -yo me parto. Una vez vi a Ronaldinho y a Eto´o en la TV3; eso era Catalunlla en su versión más surrealista: La entrevistadora les hacía las preguntas en catalán y ellos como no entendían, tenían traducción simultánea. Como fuera que no había sincronización entre la traducción y las preguntas, al final los futbolistas se quitaron los auriculares, y la entrevistadora tuvo, con todo el dolor de su cor, que seguir en castellano porque los cultísimos héroes del més que un club no entendían res de res. Veritablement d´antologia- . Pues bien, ese representante de la clase dirigente catalana que no ha vendido una escoba en su maravillosa vida, pero que, por influencias y por braguetazo, ha llegado a la presidencia del Barcelona, ha vuelto a despreciar a las autoridades del deporte español y a sus símbolos, al no permitir a sus alevines escuchar el himno de España en un partido internacional.
Laporta apoya que Catalunlla tenga una selección nacional de fútbol, como, por ejemplo, Escocia. Pero, no quiere tener una liga de fútbol separada de la española, como la tiene Escocia de la inglesa. Es decir que quiere ser independiente, pero tener cada tres meses su partidito contra el Real Madrid.
Yo propongo una cosa. Sabemos que la nación catalana no tiene ninguna base histórica. Sabemos que el independentismo no es más que un medio de coacción para que Catalunlla, con el apoyo de la ignorante progresía española, sea la más beneficiada en todos los aspectos, pero siempre dentro de España. Os propongo algo que hará callar las tonterías independentistas. Os propongo algo que ningún catalán querrá en la vida. Os propongo que echemos al Barça de la Liga Española ¡ya!
Res de res. Veritablement d´antologia: Nada de nada. Verdaderamente de antología.